
Para el gran público, Eslovenia realmente es un país no muy conocido. Más allá de algún deportista, como el laureado Tadej Pocagar en ciclismo o la estrella de la NBA Luka Doncic, quienes conocen algo de esta verde república suelen referirse siempre a la bucólica población de Bled, situada a orillas del lago homónimo.
Se trata de una imagen de postal popularizada en redes sociales y que, grosso modo, todo el mundo ha visto en alguna ocasión. Sin embargo, no son tantos los que se han acercado a visitarla y menos todavía los que se han atrevido a ampliar la visita y conocer los más que interesantes alrededores de la ciudad.
En esta entrada del blog proponemos una visita al Lago de Bled y sus alrededores, sin duda uno de los puntos álgidos en la visita a Eslovenia y que suponen un recuerdo imborrable.
Índice de contenidos
¿Cómo llegar a Bled?
La población de Bled, principal destino turístico en Eslovenia, se halla en el extremo noreste de los Alpes Julianos, a orillas del lago de su mismo nombre que, con 1,45 km2 de superficie, es uno de los más bellos del país.
Aunque hay un pequeño aeropuerto (Lesce-Bled) cerca de la población, realmente es sólo para vuelos deportivos, por lo que si se quiere llegar a Bled lo habitual es volar hasta la capital del país (Ljubljana) o aeropuertos fronterizos (como en nuestro caso, el de Venecia) y llegar a la propia ciudad en coche.
El autobús también es una buena opción, con varias rutas diarias entre Ljubljana y Bled, pasando por el aeropuerto. Se tarda, aproximadamente, una hora desde la capital y media hora desde el aeropuerto, con precios a partir de 5€ el billete sencillo (toda la info actualizada aquí).

¿Cómo moverse por Bled y alrededores?
Tal y como hemos comentado en entradas anteriores, en nuestro caso disponíamos de un coche de alquiler, lo que siempre simplifica las cosas a la hora de moverse entre los diversos destinos, sobre todo aquellos que son menos populares. Y, sin duda, es la opción más recomendable por ello.
No obstante, sí que existen autobuses que con bastante frecuencia (aproximadamente cada hora) y por precio bastante económico (desde 1,5 a 4€) nos pueden trasladar desde el centro de Bled hasta algunos lugares como la Garganta de Vintgar o el Lago Bohinj. Otros destinos, como la Cascada Savica o el teleférico que asciende a la estación de esquí de Vogel pueden requerir trasbordos y/o un tiempo de ruta más prolongado. No cuesta demasiado, con la ayuda de Google Maps y esta web encontrar las rutas, precios y horarios para llegar a todos ellos.
Adicionalmente, y en línea con el compromiso sostenible de Bled y, en general, de Eslovenia, se pretende limitar el número de vehículos. De este modo, las administraciones facilitan autobuses gratuitos o muy económicos para algunos de los destinos más cercanos a la población. Así, hay un autobús eléctrico que parte desde el centro de Bled hasta la Garganta de Vintgar (info aquí) y 4 líneas de autobús que recorren el entorno más cercano al lago y cuyo pase para 24 horas cuesta sólo 5€ (excelente opción, info aquí).

¿Dónde aparcar en Bled?
Lo hemos repetido en varias ocasiones en las anteriores entradas sobre nuestro viaje a Eslovenia: la mayor parte de los aparcamientos van a ser de pago y, además, relativamente caros, por lo que van a consumir una parte notable de nuestro presupuesto.
Esto es especialmente relevante en el Lago de Bled, donde hay aparcamientos que pueden suponer hasta 4-5€ por hora.
No obstante, si se desea optimizar el presupuesto, buscando (sin dificultad) algún aparcamiento a unos 5-10 minutos de las orillas del mismo se pueden encontrar algunos aparcamientos por tan solo 1,5€ la hora. Si se va a pasar el día por allí, sin duda, merece la pena dicha búsqueda.
Antes de llegar a Bled conviene estudiar bien su excelente página web de turismo, donde especifican los diversos aparcamientos con su precio y localización, así como su ocupación en tiempo real.
Por último, resulta más que interesante que el alojamiento a buscar en la zona tenga aparcamiento, lo que puede ahorrar unas decenas de euros en la estancia.

Dónde alojarse en Bled
En la entrada sobre los alojamientos en Eslovenia ya comentábamos que el precio habitual de los hoteles en Bled, sobre todo aquellos que se encuentran a orillas del lago, tienen unos precios bastante elevados, siendo muy difícil/casi imposible encontrar algo que baje de los 150€ por noche (o de 200€ en temporada alta).
Si bien es cierto que un gran porcentaje de dichos hoteles son de cierta “clase”, este presupuesto no se ajusta a la mayor parte de los bolsillos.
Una opción razonable, sobre todo si se viaja en coche o se puede disponer de/alquilar una bicicleta, es buscar algún alojamiento en las afueras de la ciudad, donde hay una gran cantidad de apartamentos/casas rurales, mucho más tranquilos y algo más económicos.
En nuestro caso nos alojamos en los Apartments Bernard, situados a unos 2 km de orillas del lago. Amplia, con aparcamiento gratuito, por 126€ (+tasas turísticas) por dos noches y con una excelente relación calidad-precio.

Qué ver y hacer en Bled y alrededores
Un par de días pueden ser suficientes para realizar una visita más o menos normal a la ciudad de Bled y sus alrededores, si bien para conocer todo el entorno en profundidad y con calma siempre podríamos escribir la tan manida frase de “cuantos más días mejor”.
Aquí va un listado de los principales atractivos de Bled y sus alrededores:
– Lago de Bled: este precioso lago, de origen glaciar, constituye el epicentro turístico de Eslovenia y es una visita obligada. En su interior se halla la fotogénica Isla de Bled, en la cual se encuentra la Iglesia de la Asunción (siglo XV). Para llegar a la isla se puede tomar un barco tradicional (pletna, 20€/persona ida y vuelta), hasta llegar a la escalinata que da acceso a la misma (99 escalones de piedra). La entrada a la isla son 12€/persona, y en su interior, además de la iglesia (donde resulta imprescindible tocar la campana de los deseos), se puede encontrar la Poticnica, en que se pueden degustar dulces típicos eslovenos.
– Caminar alrededor del lago: resulta agradabilísimo caminar los, aproximadamente, 6 km que suponen rodear el lago. Jardines, bancos, fuentes, plazoletas…un par de horas a ritmo tranquilo en las que se puede disfrutar del lago desde todos los puntos de vista. Si lo visitas en un día soleado, como fue nuestro caso, es un paseo ideal mientras disfrutas de un buen helado.
– Miradores del lago: las colinas de Ojstrica, Mala y Velika Osojnica son las tres principales. La primera de ellas supone unos 20 minutos de ascenso, por camino de fuerte pendiente (no olvidar llevar agua); para las otras la ruta puede llevar algo más de una hora, por terreno boscoso (camino evidente, transitado y bien señalizado). Las vistas desde cualquiera de ellas son memorables. Hicimos las tres, recomendables todas ellas.

– Castillo de Bled: aunque sus orígenes datan del siglo XI, un incendio lo destruyó en el año 1947 y, a partir de entonces, fue minuciosamente restaurado. Se encuentra a orillas del lago, sobre un promontorio rocoso que lo hace inexpugnable. Además de visitar algunas dependencias del castillo (con exhibiciones temporales frecuentes) hay un restaurante y tiendas de recuerdos. En temporada estival se desarrollan en su interior diversas actividades culturales. Abre todos los días del año, de 08:00 a 18:00 en invierno y a 20:00 en verano. El precio de la entrada es elevado, 19€ por persona. Nosotros no lo visitamos (nos dijeron que era demasiado “turístico” y no muy interesante).
– Ascender al Monte Straza: esta colina situada en la orilla sureste del Lago Bled sirve de base para un pequeño parque de atracciones donde liberar adrenalina. Se puede ascender en un telesilla para descender esquiando en invierno o en un divertido tobogán de 512 metros de longitud en verano. Adicionalmente, en la parte superior, hay un parque de aventuras donde superar hasta 80 retos en medio del bosque. Los precios, relativamente elevados (consultar aquí)

– Garganta de Vintgar: situada a apenas 4 km al noroeste del lago, se trata de una garganta de 1,6 km de longitud labrada por el Río Radovna creando multitud de cascadas y rincones de ensueño. La ruta caminando por el interior de la garganta, bien habilitada pero que supone algo más de 7 km (2,5 – 3 horas de marcha). Imprescindible llevar algo de abrigo (hace fresco) y buen calzado, puesto que hay tramos húmedos y algo resbaladizos. Existe un autobús que acerca desde el centro de Bled a la entrada de la garganta (info aquí). El precio de la entrada es caro: 15€ por persona (merece la pena, sin duda). Nos encantó.

– Lago Bohinj: el lago natural más grande de Eslovenia, enclavado en el valle homónimo, es una de las grandes perlas que ofrece el país. Rodeado de altas cumbres, sus aguas prístinas invitan a la relajación. En su entorno a plantearse, sí o sí, la excursión que lleva a la Cascada de Savica (son unos 500 escalones, por un camino que se interna en el bosque durante aproximadamente 45 mins – 1 hora). Se trata de una cascada de hasta 78 metros de altura, que se bifurca antes de caer en una poza de aguas verdes (precio de la entrada 4€).

– Teleférico de Vogel: junto al Lago Bohinj se halla la estación de esquí de Vogel. El teleférico, que asciende 1000 metros desde las orillas del lago, se encuentra también abierto en temporada estival (de 08:00 a 18:00 h; precio 35€ ida y vuelta, aunque el precio cambia en función del mes del año). Desde su parte superior parten numerosas rutas senderistas por un hermoso altiplano, aunque lo más notable es la gran panorámica que ofrece de los Alpes Julianos y su cumbre más elevada, el Monte Triglav (2864 metros).

– Visitar pueblos pintorescos: Zasip, Bohinjska Bela o la zona de Ribno son algunas de las poblaciones más coquetas y fotogénicas de la zona, que pueden merecer una breve parada.
– Visitar iglesias: en los alrededores de Bled hay un buen puñado de iglesias, la mayor parte de ellas pequeñas y de estilo barroco, situadas generalmente en verdes prados y rodeadas de montañas altivas. Algunas de las más bonitas podrían ser la de la Sagrada Trinidad (en Zasip), la de Santa Margarita (en Bohinjska Bela) o la de San Esteban (en Kupljenik).
– Probar el pastel de crema de Bled (kremna rezina): hecho de hojaldre, huevo y nata, es una suculenta delicia que debes probar sí o sí.
– Gastronomía y vinos: Bled se caracteriza por ser un lugar donde se cuida, sobremanera, la gastronomía. Los paladares más exigentes podrán encontrar multitud de restaurantes donde probar las sabrosas recetas locales, en que destacan los quesos, las idrijski zlikrofi (albóndigas/raviolis rellenas de patata, cebolla y especias) o la kranjska klobasa (salchicha sazonada con ajo y pimienta, servida con mostaza).

Nuestra experiencia en Bled y sus alrededores
Llegamos a Bled por la tarde, dirigiéndonos directamente a nuestro alojamiento, situado en las afueras, y nos vamos temprano a dormir.
Suena el despertador muy pronto y, tras una reconfortante ducha y un desayuno energético, tomamos el coche hacia la Garganta de Vintgar. Lo dejamos en el aparcamiento principal (P1), junto a la entrada principal de la garganta (10€).
Compramos las entradas (10€ por persona; nota 2026: mejor comprarlas con antelación on-line) y comenzamos a caminar.
La ruta comienza llaneando por un sendero perfectamente habilitado y protegido por barandillas de madera, paralela al Río Radovna. Existen dos rutas posibles, bien indicadas en el mapa que nos entregan: la verde es algo más larga y menos transitada, con buenas vistas del valle al final. En total algo más de 7 km, con unos 135 metros de desnivel positivo, lo que nos llevará algo más de 2 horas y media.
Tras el tramo inicial llano cruzamos el río por un puente, sobre sus aguas furibundas, rodeadas de frondosa vegetación. Vamos alternando senderos excavados en la roca (precaución, que pueden ser algo resbaladizos, llevar calzado apto) con plataformas colgantes de madera, siempre en muy buen estado.

A estas horas de la mañana la temperatura es relativamente baja, y la humedad del ambiente genera una neblina que otorga al cañón un aire misterioso. La gente, que abunda ya a primera hora de la mañana, se arremolina en los puntos más pintorescos para tomar fotografías.
Nosotros hacemos lo mismo, sobre todo en el lugar más espectacular de la ruta: una zona donde el río se ha represado artificialmente y salta formando una miriada de chorros de agua que rugen con fuerza. Justo allí hay una casa de madera que hace las veces de cafetería y tienda de recuerdos, donde también finaliza la garganta en sí y donde tenemos que tomar la decisión de si regresar por el camino corto (rojo) o por el largo (verde), ambos conformando una ruta circular.
Optamos por el camino más completo (el verde), que aquí se introduce por un frondoso bosque con cierta pendiente, siempre con una señalización impecable (este bosque parece que en otoño será impresionante). Caminamos con calma hasta llegar a la Capilla de Santa Catarina, situada en una zona abierta en que el sol la ilumina y le permite mostrar todo su esplendor.

Nos detenemos un buen rato en un banco cercano, contemplando las vistas, a descansar. Por allí también hay un pequeño bar donde tomar algo si el calor aprieta, tal y como nos ocurre a nosotros.
Siguiendo las indicaciones nos volvemos a internar por un pequeño tramo arbolado (seguir indicaciones de Vintgar) y, tras superar una valla para el ganado, las vistas se abren y nos muestran todo el valle en el que se asienta la población de Bled.
El camino transcurre a media ladera, por una zona de verdes praderas, con panorámicas a las montañas de los alrededores. Conviene prestar atención puesto que puede haber ganado pastando en la zona (lo indican los carteles) aunque, al ser una ruta relativamente concurrida, los animales parecen mantenerse alejados de la misma.
Este tramo nos parece, quitando la garganta, el más espectacular. El hermoso día nos permite comprobar lo verde y hermosa que resulta esta zona. Descendemos suavemente hasta llegar, de nuevo, al aparcamiento.

Recogemos el coche y nos dirigimos al Lago Bohinj. Dejamos nuestro vehículo en el aparcamiento más cercano al restaurante Kramar (3€ la hora), y comemos allí. Un plato de carnes, con acompañamiento vegetal y una pizza con vistas al lago no tienen precio. Bueno, 37,5€; razonable para lo grande de las raciones y el sitio donde hemos comido.
Tras ello nos tumbamos en un prado con vistas al lago a descansar, remojarnos los pies y echar un poco la siesta. ¡Esto sí es vida!

Cogemos el coche y vamos hasta el Teleférico Vogel (unos 10 minutos en coche desde allí, aparcamiento gratuito). Sale cada media hora; en verano de 08:00 a 19:00h. Pagamos la entrada (29,5€ por persona, ida y vuelta; consultar precios actualizados aquí) y accedemos al mismo.
El trayecto dura poco más de cuatro minutos, en los que remontan unos mil metros de desnivel. Las vistas durante el trayecto son brutales, viendo como el grandioso lago cada vez se torna más pequeño.
Llegamos arriba y sopla una ligera brisa; hace sol, pero la temperatura es quizá justa para estar en manga corta (no olvidar chaqueta). La zona donde nos deja el teleférico es un altiplano donde, en realidad, lo principal es plantearse alguna ruta senderista si se viene a pasar el día. En caso contrario, lo habitual es tomar algo en el bar o sentarse en los columpios de madera que ofrecen espectaculares vistas el Monte Troglav, el más alto del país con sus 2864 metros. Estamos, aproximadamente, una hora por allí.


Descendemos y tomamos el coche para ir a la Cascada Savica. Aparcamos (5€, podemos estar hasta 3 horas; si se pagan 10€ se puede estar todo el día) y comenzamos la ruta. Llegamos a una caseta enseguida, donde pagamos los 4€ por persona que cuesta la entrada. Desde allí comienza un camino ascendente que, mediante escalones (unos 500 en total) nos permite remontar el bosque y alcanzar un mirador a la cascada. Realmente son dos saltos de agua paralelos, el de la derecha más alto, y el de la izquierda curioso puesto que emerge de una oquedad en la roca. Bien bonito y, dado que llegamos a eso de las 6 de la tarde, lo contemplamos casi en soledad.

Regresamos hacia el Lago Bohinj y en la zona más oriental del mismo nos detenemos para contemplar las luces del atardecer.
Volvemos a Bled donde cenamos algo ligero en el apartamento, escribimos nuestro diario y nos vamos a dormir.
…
Suena el despertador sobre las 8; desayunamos, nos duchamos y recogemos todo.
Salimos con el coche hacia Bled y encontramos el aparcamiento Vrtec (1,5€/hora, a unos 10 minutos andando del lago).
Caminamos hacia la orilla del mismo, disfrutando de una mañana de sol radiante. Decidimos recorrerlo por todo su perímetro, con un camino perfectamente preparado para andar, correr o ir en bici (mucha gente haciendo deporte). Aunque se puede hacer en ambos sentidos, si lo hacemos en sentido de las agujas del reloj es mejor por la luz del sol a estas horas de la mañana. A nuestra derecha se halla el magnífico Castillo de Bled, imponente en su promontorio rocoso.

Nos tomamos un refresco y seguimos el paseo, mientras caminamos junto a hoteles lujosos y palacetes impolutos.
Cuando llevamos una media hora andando nos topamos con el desvío hacia Mala Osojnica, una colina que se eleva sobre el lago y ejerce de excelente mirador. Indicado con un poste de madera, el sendero tiene fuerte pendiente y asciende mediante lazadas por un tramo boscoso. En unos 15-20 minutos alcanzamos el primero de los miradores, en un punto en que la vegetación se abre. Tomamos un par de fotografías y reposamos unos minutos.
Seguimos ascendiendo con calma, puesto que el ascenso no da tregua. En otra media hora alcanzamos, por fin, el mirador de Mala Osojnica, que se eleva casi 200 metros sobre el lago y ofrece una panorámica inolvidable. Mentiríamos si no dijéramos que nos encontramos ante una de las vistas más espectaculares que hemos conocido. Paisaje de postal, inenarrable. A pesar de lo brutal del lugar, apenas hay unas pocas personas que se han animado a acometer el ascenso hasta aquí.

Para regresar preferimos no volver por el mismo camino y optamos por descender por otro que da un rodeo y que, de ese modo, no desciende tan directo. Así, pasamos también por el mirador de Ojstrika, no tan espectacular como el primero, pero con panorámicas nada desdeñables. Si bien este tramo está bastante bien señalizado, el sendero podría mejorarse un poco…
Desde el mirador bajamos a la orilla y, como premio a nuestro esfuerzo damos cuenta de un delicioso helado.
Finalizamos el rodeo al lago con calma, contemplando el ir y venir de las gentes en un día excelente como este.
Una vez finalizada la vuelta regresamos al coche, no sin antes detenernos a comprar una tarta de crema, especialidad de la población y que (hemos de confesar) nos resulta algo empalagosa.

De este modo nos despedimos de Bled y sus alrededores, para tomar el coche y continuar la ruta por Eslovenia.
Pero eso, ya sabes, ¡lo contaremos en la próxima entrada del blog!



